lunes, 18 de julio de 2011

Masticar es bueno para la memoria y el estrés

Aumenta la oxigenación del cerebro
Si alguien nos pregunta en este momento para qué sirve masticar, seguramente la respuesta sería para comer. Sin embargo, nuestro aparato masticatorio oculta mayores beneficios para la salud, que los científicos tan sólo ahora comienzan a develar.


Funciones tan vitales como el aporte de oxígeno al cerebro, la memoria o el hambre se modifican con cada abrir y cerrar diario de los maxilares. "La masticación va más allá del proceso de ingestión y de ser el primer paso de la digestión -adelanta el doctor Hugo Furze, presidente de la Asociación Internacional de Odontología Pediátrica (IAPD, por sus siglas en inglés), con sede en Londres-. La masticación no es un hecho mecánico, sino que está vinculada con la fisiología, la psicología y el conocimiento."
Estudios de concentración y memoria demostraron que masticar mejora un 35% nuestra capacidad de retener, por ejemplo, palabras. Así lo explica en un trabajo que acaba de publicar el doctor Stephen Moss, profesor emérito de la Universidad de Nueva York y representante de la Federación Mundial de Odontología (FDI, por sus siglas en inglés) ante las Naciones Unidas.
"Masticar aumenta en el cerebro los niveles de hemoglobina, la proteína que transporta el oxígeno. Sabemos que la llegada de oxígeno extra al cerebro puede mejorar la función de la memoria", afirma.
La doctora Lucy Wilkinson, de la unidad de neurociencias cognitivas de Universidad de Northumbria, en el Reino Unido, dividió al azar en tres grupos a 75 jóvenes de 26 años. Durante dos minutos, un grupo masticó chicle sin azúcar, otro simuló los movimientos de mascado sin chicle y el tercero no masticó. Luego de un intervalo de 20 minutos con otras tareas, se evaluaron la memoria y la atención de los dos primeros grupos.
Según los investigadores, los jóvenes que habían masticado chicle recordaron un 35% más de palabras de una lista. "Esto sugiere que la masticación mejora la memoria secundaria, que reúne la capacidad de aprender, almacenar y recuperar información", señala el profesor Moss.
La memoria operativa, encargada de retener información a corto plazo, funcionó mejor en el grupo que masticó chicle que en el que simuló la masticación. El tiempo de reacción de este segundo grupo fue menor que el de quienes no masticaron.
"A partir de esto sabemos que existe un efecto real sobre la memoria basado en la cantidad de resistencia del material masticado", explica el autor del trabajo "Los beneficios de la masticación".
Más sangre
El puente que une la masticación y el mayor aporte de oxígeno al cerebro es un mayor flujo sanguíneo.
Las nuevas técnicas de detección por imágenes permiten conocer que el flujo sanguíneo al cerebro aumenta hasta un 20% durante la masticación y hasta un 30% si la dentadura es postiza. "Masticar deja de ser el primer paso de la digestión y pasa a ser una función que aporta más sangre al cerebro", dice Furze, que desde 2003 dirige la IAPD.
Ese aumento en el aporte sanguíneo al cerebro fue comprobado en 1998 por Minoru Nakata, de la Universidad de Kyushu, en Japón. En 2003 dio lugar a una declaración de la FDI: "Mantener la capacidad masticatoria produce beneficios esenciales no sólo relacionados con la digestión de los alimentos, sino con el bienestar físico y mental", se lee en el documento que explica que esa función fisiológica diaria estimula la actividad neuronal central.
"Masticar con una fuerza de mordida moderada mejora el funcionamiento neuronal", afirma el doctor Minoru Onozuka, de la Universidad de Gifu, en Japón, en las conclusiones de una investigación citada por el profesor Moss. En 2002, Onozuka comprobó en ratones ancianos sin molares que las células del hipocampo, una región del cerebro esencial en el aprendizaje, se deterioraban más rápido que en roedores con dentadura completa. En distintas pruebas, aquellos ratones no lograron recordar acciones ya aprendidas.
El profesor Nakata, por su parte, sugirió que la masticación puede ayudar a prevenir la demencia senil al mejorar el flujo de sangre al cerebro. Y el profesor Moss agrega que masticar acelera el ritmo cardiaco, produce un mayor gasto de energía e inhibe la secreción de hormonas del estrés.
La masticación también estimula el flujo de saliva, una barrera de minerales que protege los tejidos bucales y evita las caries. Producimos tres décimas de mililitro de saliva por minuto, unos 450 mililitros al día. Su falta produce xerostomía, una afección conocida como "boca seca", que lesiona las encías y los dientes por falta de lubricación y protección. Para contrarrestarla, además de fortalecer los dientes o reducir el riesgo de caries, los odontólogos recomiendan nada más ni nada menos que masticar chicle. Claro que sin azúcar.
"Ahora, los odontólogos estamos frente a la paradoja de decir si es correcto que el paciente coma chicle", plantea el doctor Furze, que atribuye al chicle la capacidad de romper la placa dental. Tras insistir en el cepillado después de cada comida, el especialista argentino explica que la acción mecánica que la goma genera en la boca "limpia los dientes", al excitar la secreción salival, que elimina sales contra las caries. Pasados esos 15 o 20 minutos, la saliva perdería sus propiedades.
El doctor Jorge Dávolos, jefe de Gastroenterología del hospital Italiano de Buenos Aires, afirma que "masticar chicle puede no ser perjudicial si la persona lo hace en forma esporádica y en cambio puede serlo si se convierte en un vicio".
La masticación permanente, agrega, hace que la persona trague más aire y ésto genera disconfort a nivel gástrico. Además, aumenta la producción de saliva: "Tener más saliva en la boca puede resultar algo molesto, pero no es malo para el estómago", concluyó el gastroenterólogo.
Si alguien pregunta ahora para qué sirve masticar... Para mucho más que comer.


Por Fabiola Czubaj 
De la Redacción de LA NACION



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