jueves, 12 de agosto de 2010

Etapas de Desarrollo Psicosexual de Freud





Freud llamó psicosexuales a sus etapas de desarrollo debido a que les asigna un papel preponderante a los instintos sexuales el la formación y desarrollo de la sexualidad, para él el mejor camino para entender el significado de la sexualidad, particularmente en la infancia y en la niñez, es compararla con cualquier placer sensual. El desarrollo de la personalidad consiste en el desenvolvimiento o despliegue de los instintos sexuales.
Fase Oral
La fase oral es la primera del desarrollo. En ella las necesidades, percepciones y modos de expresión del niño se centran primordialmente en la boca, los labios, la lengua, etc. El papel de la zona oral en la organización de la psique es dominante durante aproximadamente los primeros 18 meses de vida. Las sensaciones orales incluyen la sed, el hambre, las estimulaciones táctiles placenteras suscitadas por el pezón o su sustituto, y son sensaciones relacionadas con la deglución o saciedad. Los impulsos orales tienen dos componentes separados: libidinales y agresivos. El objetivo de esta fase es establecer una confiada dependencia de los objetos que proporcionan crianza y cuidado y servir como cómoda expresión y gratificación de las necesidades libidinales orales sin excesivos conflictos o ambivalencias. Una gratificación-privación oral excesiva puede determinar fijaciones libidinales que contribuyan a la formación de rasgos patológicos. Los caracteres orales hacen a los sujetos excesivamente dependientes de objetos para el mantenimiento de su propia autoestima; la envidia y los celos se asocian con frecuencia a rasgos orales. Por el contrario una adecuada resolución de la fase oral constituye la base de la estructura del carácter, con una capacidad para dar y recibir de los demás sin una dependencia excesiva o envidia, y de la capacidad para relacionarse con confianza en los demás y en uno mismo.

Fase Anal
La fase anal es la siguiente en el desarrollo y se precipita por la maduración del control neuromuscular de los esfínteres anales, posibilitando así un control voluntario de la retención y expulsión de heces. Se extiende desde el primer año hasta el tercero, y se caracteriza por una gran intensificación de los impulsos agresivos, unidos a componentes libidinales de los impulsos sádicos. El erotismo anal se refiere al placer sexual que produce la actividad anal, tanto al retener las preciadas heces como al presentarlas como un regalo a los padres. El sadismo anal se refiere a la expresión de los deseos agresivos conectados con la descarga de heces como armas poderosas y destructivas. Se trata esencialmente de un período de lucha por la independencia y alejamiento del control de los padres. Los rasgos desadaptados de carácter se derivan del erotismo anal y de las defensas contra él. El orden, la obstinación, la tenacidad, la parsimonia, etc, son rasgos de carácter anal derivados de la fijación en las funciones anales. Cuando las defensas contra los rasgos anales son menos eficaces, el carácter anal revela rasgos de elevada ambivalencia, falta de deseo, desorden, obstinación, rabia y tendencias sadomasoquistas. Las características y defensas anales suelen verse con frecuencia en las neurosis obsesivo-compulsivas. La resolución adecuada de esta fase constituye la base para el desarrollo de la autonomía personal, la capacidad de independencia y de iniciativa personal sin culpa, de la capacidad para la conducta autodeterminante sin sentido de vergüenza o duda, de la falta de ambivalencia y de la capacidad de la cooperación voluntaria sin excesiva voluntariedad.

Fase Anal
Esta fase no fue tratada por Freud de forma explícita, pero se considera como una fase de transición entre las fases de desarrollo anal y fálico, ya que comparte características de ambas. El erotismo uretral se refiere al placer que produce la micción y al placer en la retención urinaria análogo al experimentado por la retención anal. No están claros los objetivos de la actividad uretral, ni en qué medida difieren de los del período anal. El rasgo uretral predominante es el de la competitividad y la ambición, probablemente relacionado con la compensación de la culpa producida por la pérdida de control uretral. Puede servir como inicio del desarrollo de la envidia del pene, relacionada con el sentido femenino de vergüenza e inadaptación al ser incapaz de igualar la capacidad uretral del varón. Si ha habido una adecuada resolución de la fase anal, la competencia uretral proporciona un sentido de orgullo y autocompetencia derivado de la micción. El rendimiento urinario es un área en la que el niño pequeño puede imitar e igualar la capacidad urinaria de su padre. Así, una buena resolución de esta fase sienta la base para la identidad genérica en ciernes y las subsiguientes identificaciones.

Fase Fálica
La fase fálica del desarrollo psicosexual empieza durante el tercer año de vida y prosigue aproximadamente hasta el final de los 5 años. Se caracteriza por una atención prioritaria por el interés sexual. El pene pasa a ser el órgano de principal interés para los niños de ambos sexos, y la falta de pene es considerada por la niña como prueba de su castración. La fase fálica está asociada con el aumento de la masturbación genital seguida por fantasías primordialmente inconscientes de relaciones sexuales con el padre del mismo sexo. La amenaza de castración y su temor de castración asociado nace en conexión con el sentido de culpa por la masturbación y los deseos edípicos. Durante esta fase se establece y consolida la relación y el conflicto edípico.
Fase de Latencia
La fase de latencia viene dada por una relativa quietud o inactividad de las pulsiones sexuales, que va desde el período de resolución del complejo de Edipo hasta la pubertad (de los 5-6 años hasta los 11-13). El establecimiento del superyó al final del complejo edípico y la subsiguiente maduración de las funciones del yo hacen posible un grado considerablemente más alto de control sobre las pulsiones. Los intereses sexuales suelen disminuir mucho durante este período. Se trata de un período de afiliaciones primordialmente homosexuales tanto en las niñas como en los niños, y en él tiene lugar una sublimación de las energías libidinales y agresivas en el aprendizaje cotidiano y las actividades de juego, de exploración del entorno, etc., constituyendo un período de desarrollo de importantes habilidades.
El objetivo primordial de esta fase es la mayor integración de las identificaciones y la consolidación de la identidad y el rol sexuales. La relativa quietud y control de las pulsiones permite el desarrollo de los recursos del yo y el dominio de las habilidades. Nuevos componentes identificativos pueden sumarse a los edípicos sobre la base de la ampliación de contactos con otras figuras significativas fuera de la familia, tales como maestros y otras figuras adultas. Este período puede ser fuente de problemas tanto por una falta de desarrollo de los controles internos como por su exceso. La falta de control puede determinar una insuficiente sublimación de las energías del niño en el interés por el aprendizaje y la adquisición de habilidades. Por el contrario un exceso de control interno puede determinar una conclusión prematura del desarrollo de la personalidad y la elaboración preconsciente de rasgos de carácter obsesivos.

Fase Genital
La fase genital o adolescente del desarrollo psicosexual se extiende desde el comienzo de la pubertad, entre los 11 y los 13 años de edad hasta que el adolescente alcanza la juventud. La madurez psicológica de los sistemas de actividad genital (sexual) y los sistemas hormonales correspondientes determina una intensificación de los impulsos, y en especial de los de naturaleza libidinal. Esta intensificación produce una regresión en la organización de la personalidad que vuelve a abrir los conflictos de fases anteriores del desarrollo psicosexual y proporciona la oportunidad de una nueva resolución de estos conflictos en el contexto de la consecución de una identidad sexual madura y adulta. Los objetivos primarios de este período son la separación definitiva de la dependencia y el nexo de los padres y el establecimiento de unas relaciones de objeto maduras, no incestuosas. También persigue la consecución de un sentido maduro de la identidad personal y aceptación, así como la integración de un conjunto de roles y actividades adultas que posibilitan nuevas integraciones adaptativas con las expectativas sociales y los valores culturales.



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